- ¿Te parece normal todo este… rollo? – preguntó cansado.
- Prefiero no llamarlo rollo, así suena más interesante. Además creo que me voy acostumbrando. – contesté estirando las manos.
- Estoy cansado. – dijo bostezando.
- Lo sé. Creo que deberiamos parar. Estamos ya lejos de todos. Creo que necesitas eliberarte.
Subí los pies al asiento, apoyando la frente en las rodillas, estaba yo cansada por su cansancio. Le dolia la cabeza, me dolia la cabeza, pero lo más curioso es que llevaba dos días sin sedarse. No había causado ningún… inconveniente. Supongo que había logrado centrar su instinto animal y toda la furia en conducir como un… loco.
- Má, para ya. – mi voz sono ahogada por tener la cabeza aun apoyada en las rodillas.
- ¿Es prudente? – preguntó en voz baja y apagada.
- Llevas más de 16 horas conduciendo, son las 3 de la mañana y aquí solo hay bosque. Ellos han quedado muy atrás. Es prudente Marcus. – le contesté suspirando.
Miró hacía la oscuridad varios minutos, en silencio, en breve dejaría de controlarse, poco a poco la bestia se estaba despertando.
- ¿Te importaría que te dejara sola… un rato?
- No me harás nada, así que no tiene sentido que te alejes, de todos modos estaré en el coche, tengo frío.
Sentí una corriente de aire frío y me sacudieron varios escalofríos, luego el ruido de la puerta cerrarse. Despues de cinco segundos sentí a la bestia en su estado puro, pero sin ningún tipo de temor.
Deje caer la cabeza hacía atrás, bostezando. Me solté el pelo y me hice una coleta alta. Estaba demasiado cansada, pero tenía ni la más minima intención de dormir, no ahora, aun no estaba tranquila. Necesitaba hablar con An.
Me baje del coche, aunque tenía frío, cerre la puerta y me quede apoyada en la puerta mirando la oscuridad, los altos arboles y el cielo estrellado. Detrás de mi pude oir un gruñido bajo, me di la vuelta y vi el brillo de sus ojos en la oscuridad. Estaba sentado al lado del coche, mirando a veces el cielo, sin hacer absolutamente nada. Me quede mirandole, parecía un perro guardian la lado de la puerta de una casa, solo que este caso tenia un lobo al lado de la puerta de un Tiguan negro. Volvio a gruñir, como diciendome que me metiera en el coche. No pensaba hacerle caso, me sente a su lado en la hierba, extendi la mano para acariciarle la cabeza, luego apoye la espalda y la cabeza en la puerta cerrada del coche.
Estaba sorprendida, la cabeza ya no me dolía. Abri los ojos y el sol me dio en la cara, aunque a la velocidad a la que ibamos pronto se oculto detrás de los arboles que habia al lado de la carretera. Me encontraba dentro del coche, con una chaqueta encima. Geeeeeenial.
- Te has quedado dormida mientras estabamos fuera.


